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Toluca
hiló su quinto triunfo consecutivo para
consolidarse en el subliderato del Grupo
Uno y ponerse a tiro de piedra de la
liguilla. Ahora derrotó 2-0 a los Potros
de Hierro del Atlante.
Jue, 15/04/2010 - 12:12
Sólo un triunfo más separa a los Diablos
Rojos del Toluca de la liguilla por el
título, un pase a la fase final que
empieza tomar tonalidad escarlata. Y es
que la jornada de mitad de semana
resultó altamente productiva para los
choriceros quienes no sólo consiguieron
su quinto triunfo al hilo tras derrotar
2-0 al Atlante, sino que además
aprovecharon las derrotas de Atlas y
Querétaro para consolidarse en el
subliderato del Grupo Uno.
La ausencia de Sinha no pesó demasiado
para los escarlatas, que con goles de
Carlos Esquivel y Oswaldo González
derrotaron a un Atlante que
prácticamente está fuera de la pelea por
la corona del Bicentenario.
Toluca llegó a 26 unidades en el primer
sector, dejando a Atlas con 20 y Gallos
Blancos con 18; mientras que Atlante se
queda en el cuarto sitio del Grupo Tres
con apenas 16 unidades, por 23 de Cruz
Azul, su más cercano rival.
SIN SINHA
Una vez metido en zona de calificación
los Diablos Rojos del Toluca se
enfrenaban a un nuevo reto, el de tratar
de mantener su productividad en casa y
consolidar su subliderato en el grupo;
aunque el reto no era sencillo, pues más
allá de medirse a un Atlante con cinco
juegos sin perder los choriceros no
contaban con su capitán y guía en medio
campo, un Antonio Naelson Sinha que no
se pudo reponer de molestias en el muslo
derecho.
Por el lado de los Potros de Hierro la
jornada doble era de vital importancia,
se trataba del último llamado para
tratar de reaccionar y mantener
esperanzas de liguilla; quizá por ello
el técnico José Guadalupe Cruz mandó al
terreno de juego a dos letales
delanteros, Johan Fano y Giancarlo
Maldonado, el primero en plena racha de
anotaciones y el segundo buscando
regresar a ese pasado goleador.
La ausencia de Sinha provocó notables
cambios en el esquema de los dirigidos
por José Manuel de la Torre, sobre todo
a la hora de atacar, pues sin un volante
creativo que arrastrara el balón y
mandara servicios filtrados al área, los
choriceros tuvieron que recurrir a abrir
la cancha, tocar rápido y hacer trabajar
por los extremos a Carlos Esquivel por
derecha y Néstor Calderón por izquierda.
Ante la falta de pases Héctor Mancilla
tuvo que salirse del área para tratar de
arrastrar el balón, mientras que Manuel
Pérez intentó cubrir el hueco en la
media cancha pero sin talento para
aclarar la zona y generar peligro.
Muy pronto Atlante se percató del plan
escarlata y le tapó los costados, encimó
al Diablo y hasta tuvo la oportunidad de
abrir el marcador. Fue al minuto 24 que
el delantero Johan Fano encaró a
Talavera, un mano a mano que ganó el
portero rojo; sin embargo, el goleador
de Atlante todavía tuvo la oportunidad
de contrarrematar pero esta vez su tiro
fue sacado en la línea final por Edgar
Dueñas.
CONTUNDENCIA ROJA
Eso fue todo por Atlante, el resto del
espectáculo fue escarlata con una
contundencia y determinación que les
permitió forjar su quinta victoria
consecutiva, un futbol elaborado con
muchos pases que, con base en paciencia,
lograron abrir a la zaga visitante.
El primero de los rojos cayó al minuto
44, en un tiro de esquina a favor de
Atlante que el portero Talavera atrapó,
de inmediato salió jugando por izquierda
con Néstor Calderón quien mandó un
preciso pase de más de 30 metros para
Carlos Esquivel que, con excelsa
técnica, bajó el balón con el pie y al
mismo tiempo se quitó al portero Vilar,
ya con el arco abierto sólo aguantó la
carga de un zaguero y mandó el pase a
las redes.
La ventaja choricera se amplió al minuto
51, una jugada entre defensas agregados
al ataque que le dieron rumbo al cotejo.
Diego Novaretti rescató un balón que
parecía salir por izquierda, ahí retrasó
para Edgar Dueñas, quien mandó un centró
a segundo poste justo donde llegó solo
Oswaldo González para rematar de cabeza.
Al final los choriceros se quedaron con
las tres unidades y ahora buscarán
redondear una semana perfecta este
sábado ante Pachuca.
Jesús Quezada |