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¿QUÉ LE PASÓ?

América ganaba por dos goles y estaba cerca del tercer triunfo al hilo, pero dejó crecer al Atlante y terminó “pidiendo la hora”

Redacción El Universal
Domingo 14 de marzo de 2010

CANCÚN.— Ningún defensa del América esquivó el regaño de Guillermo Ochoa, tras aquel bombazo que cimbró el travesaño de su portería. El guardameta la pasó mal en los minutos finales de un duelo que parecía controlado.

Eso explica su molestia. Las Águilas parecían encaminadas a su tercera victoria consecutiva... Hasta que los genios de bolsillo azulgranas desquiciaron a la zaga comandada por Aquivaldo Mosquera.

El gigante de ébano padeció con esos futbolistas a los que delatan su estatura y rostro. No ha pasado mucho tiempo de que dejaron de ser adolescentes, pero su futbol casi los lleva a una remontada de locura.

Con dos goles de ventaja y menos de 20 minutos por jugar, los cremas decidieron priorizar el control de la pelota sobre buscar una tercera anotación, desdén que los atlantistas les hicieron pagar.

Christian Bermúdez, Tomás Banda y Fernando Navarro cargaron con la ofensiva quintanarroense. Su talento puso al América contra las cuerdas, tanto que Jesús Ramírez arrojó la toalla a cinco minutos del final, cuando sustituyó a Daniel Montenegro con Juan Carlos Valenzuela.

Era un momento decisivo y Chucho no dudó. Sabía que el tercer gol de los Potros de Hierro era probable, mientras que uno de su equipo parecía utópico, así es que, optó por rescatar la “valiosa” unidad.

Los visitantes sufrieron demasiado en el cuarto de hora final. Fue entonces cuando lamentaron todo lo que fallaron en aquellos minutos de amplio dominio.

Más allá de que Alonso Sandoval (35’) y Daniel Márquez (71’) cristalizaron el buen momento americanista, Pável Pardo, Ángel Reyna y El Rolfi Montenegro fueron incapaces de liquidar el cotejo.

El Atlante tomó fuerza con cada una de las equivocaciones de sus rivales, pese a que al reloj de arena caribeña le quedaban pocos granos por caer.

El Hobbit inició la remontada con aquel toque de billarista que dejó sin posibilidad a Ochoa (77’). El “chico maravilla” de los atlantistas enseñó la forma de lastimar a un equipo que volvió a mostrarse incapaz de controlar sus nervios.

El rostro de Ochoa fue la mejor prueba. Las Águilas todavía ganaban, pero su actual símbolo denotaba preocupación, lo que se confirmó con el inverosímil remate con la cabeza de Johan Fano (81’).

Las playeras azulgranas aparecieron en las tribunas del estadio Andrés Quintana Roo, hasta antes tapizado de amarillo y azul por el dominio águila.

“Nos vamos contentos por la reacción que tuvimos, pero no del todo conformes, porque queríamos la victoria”, reconoció Bermúdez. “Seguimos cometiendo algunos errores importantes, que nos cuestan irnos abajo en el marcador”.

Anoche casi les alcanza para darle vuelta a un duelo que lucía sentenciado.

En cuatro minutos, evitaron la derrota, pero aquel disparo modificó la perspectiva del empate para los dos equipos.

El América dejaba ir dos puntos y el Atlante rescataba uno, pero después de que se cimbrara la cabaña visitante, los pupilos de Chucho Ramírez consiguieron una unidad con tintes milagrosos y los Potros de Hierro se quedaron a unos cuantos centímetros de ganar dos de forma heroica.

 

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